La convicción que nos guía

El éxito de un programa de formación en idiomas no depende del método empleado ni de los adornos tecnológicos que se puedan añadir a las sesiones de clase. Depende única y exclusivamente de la capacidad técnica y humana de los profesores que lo impartan, además de la participación del alumno. En Vaughan estamos convencidos de que el profesor y la motivación del alumno es lo que permite aprender o no un idioma.

La creatividad: ¿de qué depende?

En esta página web de Vaughan encontrarás un amplísimo abanico de productos formativos, consejos prácticos y diseños creativos para que distintos perfiles de personas aprendan puedan aprender un idioma de la forma más rápida y cómoda posible. Sin embargo, por mucha creatividad que se consiga y por muchos consejos prácticos que desarrollemos, si al final el profesor no da la talla, es imposible ganar el respeto y el aprecio del alumno, cuya motivación es el secreto último del éxito. En el fondo, es fácil y hasta divertido ir diseñando diversos enfoques de curso. Ahora bien, proporcionar soluciones de verdad adaptadas a la gente que las necesita es una tarea seria y difícil. Aprender a manejar un idioma con eficacia en situaciones comprometidas exige un nivel de entrega y de compromiso personal que no todos podemos mantener. Pero si tenemos delante a un auténtico profesional, capaz de guiarnos con cariño y firmeza, es mucho más fácil para nosotros hacer ese esfuerzo que todo lo valioso nos exige.

El verdadero valor de las clases de inglés: aprovecha la clase y estudia mucho

Nadie en la historia del mundo ha aprendido a usar un segundo idioma por medio de clases. Lo ha conseguido a través de mucho estudio y mucha aplicación en la vida real. Las clases seguramente le han supuesto menos del 20% del esfuerzo y trabajo implicado. Por lo tanto, no pidas una clase de inglés a no ser que esté dispuesto a dedicarle horas de estudio y a buscar toda clase de oportunidades para poner en práctica fuera de la clase los conocimientos adquiridos.

El sector de la enseñanza del inglés en España

Cualquier persona con un teléfono puede montar una academia de idiomas o agencia de profesores. La demanda supera la oferta, lo cual permite a cualquier oportunista sobrevivir. Lo difícil es dar calidad, de forma continua y a largo plazo. Sin embargo, puesto que existe tanta demanda, uno puede seguir aunque pierda su clientela cada año; si es buen comercial, adquiere un nuevo grupo de clientes al año siguiente. Por lo tanto, desconfía de todas las academias y agencias. Ponlas a prueba antes de contratarlas.

El aprendizaje del inglés

Todos hemos visto los anuncios a bombo y platillo en los periódicos prometiendo aprender el inglés en cuatro meses o menos. Esto es imposible. Se trata de pura y simple publicidad engañosa. Llevamos más de 30 años buscando la fórmula mágica y creemos que la hemos encontrado.

La fórmula mágica de Vaughan: 2.000 horas de estudio y contacto

Para pasar de un nivel bajo de inglés a una capacidad para usar el idioma eficazmente en todas las situaciones, se necesitan 2.000 horas de dedicación, entre clases, estudio personal y uso en situaciones reales. No hay atajos, salvo comprimir estas 2.000 horas en menos tiempo. Por lo tanto, si quieres aprender inglés, mentalízate. Te exigirá una dedicación similar a la de obtener una licenciatura.

La eficacia del estudio personal

Una hora de dedicación personal al estudio serio de un idioma vale tres horas de clase. Si el alumno no está dispuesto a encontrar tiempo para el estudio, su aprendizaje va a tardar más de lo razonable.

"Haga que este directivo tenga un buen nivel de inglés y oiga, que sea bueno y barato"

Si una empresa quiere que uno de sus directivos aprenda un idioma o mejore radicalmente su nivel, debe estar dispuesta a invertir en él y a pedirle que su esfuerzo vaya a la par con la inversión. Transformar a un directivo sin idiomas en uno capaz de llevar el estandarte de la compañía a cualquier rincón del mundo justifica con creces una inversión importante. Si lo que buscas es gastar lo mínimo posible o difuminar un presupuesto entre muchos es tirar dinero. Una política de esta índole sólo tiene alguna justificación si se trata de un beneficio social para todos o un premio de consolación para ciertos empleados por no poder subirles el sueldo.

Los idiomas y el plan de desarrollo de Recursos Humanos

Muchas empresas diseñan excelentes políticas de desarrollo de sus recursos humanos, estableciendo competencias, charlas de desarrollo, planes de carreras y más. Pocas, sin embargo, contratan y desarrollan planes de formación en idiomas en armonía con dichas políticas. A veces, parece que el programa de idiomas no se atiene a ninguna política lógica. Es una masa informe de formación que se lleva a cabo un poco a salto de mata. Recursos Humanos acaba siendo un “sello de caucho” que aprueba cualquier petición de los responsables de área, sin cuestionarla. Esto crea caos y dificulta la fijación racional de objetivos y plazos.

Hemos decidido abrir la ventana y tirar todo el dinero fuera

Puesto que el dinero no es ilimitado, es preciso dosificarlo bien. Muy pocas empresas logran evitar la tentación de mandar la circular de rigor a cada jefe para que la rellene con más de la mitad de sus subordinados. Es muy importante que la empresa se esfuerce por ofrecer esta formación únicamente al personal más importante para la organización y al personal considerado más futurible. Difuminar el presupuesto entre demasiados empleados lleva al conocido refrán “mal de muchos...”.

Hay una grave carencia formativa en esta casa. Inés, busca una academia por Internet

Muy pocos centros de idiomas ofrecen calidad. El departamento de Recursos Humanos, cuando contrata, debe pedir un balance y cuenta de resultados, lista de la clientela actual, lista de los profesores en activo, con su antigüedad, y una prueba del número de años en el mercado. Cualquier persona con un teléfono puede montar un servicio de idiomas. Pocos, sin embargo, pueden ofrecer calidad año tras año.

De aprovechones y fórmulas mágicas

España está llena de personas que han iniciado repetidas veces el aprendizaje de un idioma sin rematar nunca la faena. Por un lado, esto nos conviene… nos abre un mercado permanente de clientes potenciales. Sin embargo, en el fondo nos frustra… nos convierte en predicadores del trabajo arduo en un mercado en constante búsqueda de la fórmula mágica. Lo que pocos saben es que la fórmula mágica sí existe y quien la posee es el propio alumno. Es un secreto muy sencillo: transformar en realidad el conocido refrán en castellano “a Dios rogando y con el mazo dando”.

Mi gente se desenvuelve sin problemas...¿de veras...?

En nuestros 30 años supervisando más de dos millones de horas de clase y dedicando seguramente diez mil horas a hacer “pasillos” por cientos de empresas, todavía no hemos conocido ninguna cuyos directivos y técnicos puedan desenvolverse sin problemas en inglés. Desenvolverse sin problemas significa 1) poder asistir a una reunión de alto nivel con 5 nativos de habla inglesa y entender todo a la primera de forma que uno pueda intervenir en los momentos propicios y “meter baza” si es preciso, 2) compartir con estos mismos nativos los momentos sociales de la relación profesional, como las comidas, pausas para café, cócteles, fiestas, etc., y saber mantener el tipo hasta tal punto de poder aportar también al buen ambiente reinante y 3) saber escribir un informe defendiendo un punto de vista ante la sede extranjera, desplegando a lo largo del mismo, de forma eficaz y elocuente, los argumentos dentro de una correcta gramática, sintaxis y ortografía. Permítanos dudar un poco de tales aseveraciones. Muy pocas personas en este país se desenvuelven sin problemas.

La pastilla de los sesenta mil euros

En una encuesta realizada por Vaughan Systems con la colaboración de la revista Capital Humano, el 60% de los encuestados, gente en su mayoría del área de recursos humanos de diferentes empresas, afirmó que de existir una pastilla por valor de sesenta mil euros capaz de dotar inmediatamente de inglés a quien la tomara, su director general sí compraría pastillas para varias personas de la organización. De hecho, uno añadió que su director compraría siete, cuatro para sus inmediatos subordinados, una para él y dos para sus dos hijos. Es decir, el buen señor gastaría 420.000 euros de golpe para quitar de en medio el problema del inglés. ¿Gastaría lo mismo si en vez de inglés la pastilla confiriera los conocimientos de un prestigioso MBA?